Cuando los mercados reaccionaron al cierre de facto del Estrecho de Ormuz el 28 de febrero, la conversación pública se ha concentrado en el petróleo. Es previsible. Pero hay otra cadena de consecuencias, menos visible y más lenta, que nadie en Venezuela señala con claridad: los fertilizantes.
Según análisis de la consultora Rystad Energy, aproximadamente el 21% del comercio mundial de urea depende de exportaciones de países del Golfo Pérsico. En términos absolutos, cerca de 10.6 millones de toneladas anuales podrían verse comprometidas por una interrupción prolongada en esa ruta.
El tráfico por el Estrecho cayó un 97% el 7 de marzo respecto a la media de febrero. Qatar, uno de los principales productores de gas natural licuado del mundo, materia prima esencial para fabricar amoníaco y urea, suspendió suministros a compradores en India y otros mercados asiáticos desde el inicio del conflicto.
Venezuela no es una excepción. Es uno de los eslabones más débiles de esa cadena.
Nuestro país es altamente vulnerable a los choques externos en la cadena de suministros. El productor venezolano ya opera con márgenes de rentabilidad muy estrechos. No hay reservas técnicas. No hay colchón financiero. Cualquier alza sostenida en el precio de la urea se traduce, sin amortiguación, en decisiones de siembra comprometidas.
Los patrones históricos evidencian que los aumentos en los precios de la energía suelen trasladarse a los fertilizantes, cuyo encarecimiento sostenido termina impactando el suministro de alimentos, especialmente cuando los insumos se vuelven menos asequibles para los productores. Este escenario incide directamente en las decisiones de siembra, la selección de cultivos, la superficie cultivada, el uso de insumos y los rendimientos, con efectos que se materializan de forma progresiva.
Un conflicto prolongado afectará las entregas de fertilizantes de forma inmediata, comprometiendo el ciclo agrícola de invierno 2026, cuya siembra clave se ejecuta entre mayo y junio. Los rendimientos de la soya y el maíz ya están en riesgo crítico si las interrupciones continúan.
En Portuguesa y el resto del occidente agrícola venezolano, la temporada de maíz no espera diplomacias. Los insumos se necesitan ahora. Y si la urea no llega, o llega a precios que el productor no puede absorber, el daño no se verá en los mercados internacionales. Se verá en la mesa.
Aldo Rojas Padilla.

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